Toru Takemitsu nace en el Tokio imperial de Hirohito. Es 1930.
Siendo un bebé se muda a Manchuria, una región al noreste de China. La
ocupación japonesa de la zona abre nuevas vías de negocio que trata de
aprovechar su padre. Además de empresario, el cabeza de familia es músico de
Shakuhachi, una flauta japonesa. La música tradicional de su país no acaba de
entusiasmar al pequeño Toru, que prefiere la otra pasión musical de su padre:
el Jazz. Se enamora de este género.
La salud de Takemitsu Senior se debilita y regresa con su hijo a
Tokio. Muere en 1938. Toru pasa a vivir con su tíos, ya que su madre se
encuentra lejos de la capìtal. Vive su primer día de escuela. Su tía le trata
de introducir en la música japonesa. Ella es maestra de Koto, un instrumento
tradicional del Japón, originario de China y fabricado con bambú.
El chico se siente desolado por la ausencia de su familia y no le
presta mucha atención al artilugio. Prefiere la música occidental. La
asociación entre música tradicional y tristeza perdurará para siempre en su
cabeza. Toru reconocerá años más tarde que: En esa época los jóvenes teníamos
sed de Occidente.
Comienza a estudiar música por su cuenta. Recorre cada día la
ciudad sin un centavo. Acude allá donde escucha un piano para pedir que le
dejen tocar cinco minutos. Nunca encuentra una negativa. Siendo un adolescente
es destinado a la base militar de Saitama, en 1944.
Le deprime tener que escuchar únicamente música tradicional y
marchas militares pero no tiene donde elegir. Echa de menos a Messiaen, su gran
ídolo musical. Takemitsu busca nuevas sonoridades, nuevas formas de entender el
ritmo. La derrota de Japón en la II Guerra Mundial trae consigo la ocupación
militar del país a cargo de los americanos.
A pesar de la invasión extranjera le sigue atrayendo la música
contemporánea occidental. Durante 1946 se inicia en un coro y empieza a
trabajar como Disc-Jockey para la radio del ejército invasor. Cada día pincha
discos durante tres horas. Su salario es tocar el piano un rato al terminar la
jornada. Toru es una esponja que absorbe cada nota de los discos que escucha en
la emisora. Descubre a Mahler, Debussy o a Cesar Franck. Los clásicos europeos
le fascinan y cree encontrar la verdadera panacea de la música. Termina por
renegar de todo lo japonés.
Se hace amigo del artista Hiroyoshi Suzuki. Ambos exploran formas
alternativas de música y entablan amistad con celebridades artísticas de la
época. Una vez casado, su esposa le enseña a leer música. Como no tiene dinero
para comprarse un instrumento utiliza lápiz y papel.
El músico deber ser oyente antes que músico. Una tarde se encuentra
con un teatro de marionetas Bunraku. Queda fascinado con su musicalidad.
Empieza a reconciliarse levemente con la cultura músical de su país.
En 1948, tras su experiencia radiófonica, en la que según él
aprende todo lo que sé de música, se convierte en discípulo de Yasuji Kiyose,
un músico de enorme reputación. Le acompaña su amigo Hiroyoshi Suzuki. En dos
años de docencia no aprende absolutamente nada acerca de fundamentos musicales.
Se dedica a pasear con su maestro por los jardines de la ciudad mientras
debaten sobre literatura y arte. La experiencia le marca profundamente y cambia
su percepción de la vida. Se impregna de los jardines japoneses y cree ver en
ellos el sentido de la música.
Kiyose pertenece a Shinsakkyoukuha, un grupo de músicos que trabaja
en nuevas composiciones musicales. A Toru le empiezan a interesar las
innovaciones tecnológicas. Conoce a los virtuosos Fumio Hayasaka y Yoritsune
Matsudaira. Su mentor le invita a participar en su colectivo y debuta
públicamente, en 1950, con Lento in duo movimiento. La pieza pasa
desapercibida.
Takemitsu y Suzuki meditan la posiblidad de utilizar tecnología
electrónica para generar nuevos sonidos. Su objetivo es devolver la
sensibilidad perdida a la música. En 1951 fundan, en compañía de otros músicos
experimentales japoneses, el estudio Jikken Kobo. Pretenden crear ruidos
armónicos de manera artificial con el modelo de la Musique Concrete de Pierre
Schaeffer.
El instrumento que pretenden utilizar para lograr su propósito es
el G-Type. Un artefacto creado por Sony en 1949 que en la práctica podría
considerarse el primer sintetizador de la historia. La compañía japonesa contrata
a los inseparables Toru e Hiroyoshi para dar utilidad a su ingenio. Su trabajo
se convierte en el albor de la música electrónica.
Nace la música electroacústica. Sus experimentos producirán cuatro
obras electrónicas a lo largo de los 50 y los 60. Una de estas piezas de
coleccionista servirá como banda sonora del film Kaidan, dirigida por Masaki
Kobayashi.
Aplica lo aprendido con el G-Type al cine. Comienza su carrera de
compositor de bandas sonoras con Crazed Fruit de Ko Nakahira, en 1956. Una
nueva película necesita un nuevo color sonoro y eso tiene que ver con usar
sonidos de la película en las canciones, así como que los sonidos musicales
formen parte de la película. Con esa premisa de fusionar cine y música
compondrá, a lo largo de los años, casi 100 obras.
Un año más tarde de su incursión en el cine graba Requiem for
Strings. La suerte le acompaña cuando Igor Stravinsky se topa con su obra. El
genial compositor ruso escucha por primera vez a Takemitsu por error en una
reunión de amigos. La cara B de una cinta sobre vanguardia japonesa le descubre
un nuevo mundo a Stravinsky, que cae fascinado ante la pieza que está
escuchando. Se empieza a hablar en Occidente del talento de un joven compositor
japonés que nadie conoce.
A finales de los cincuenta, su carrera en el cine despega con la
banda sonora de José Torres, el corto debut de un amigo suyo, Hiroshi
Teshigahara. En 1964 vuelven a coincidir en una de las obras maestras de Toru
Takemitsu; la banda sonora de Woman in the dunes. La película es considerada de
culto hoy en día, aunque eso ya no diga tanto de un film como antes. Tres años
más tarde compone November Steps, una pieza pionera en la fusión entre Oriente
y Occidente. En ella colma su obsesión por unir ambos mundos. Su repercusión es
tan universal que la Filarmónica de Nueva York la elige para la celebración de
su 125 aniversario.
Comienzan a lloverle reconocimientos entre el mundo académico y la
élite de la música. Se embarca en multitud de proyectos cinematográficos al
mismo tiempo que prosigue su experimentación con los sonidos de Oriente y
Occidente. Le fascina el Pop británico y la Chanson francesa. Mezclando
canciones de los Beatles y poemas propios surge 12 Songs for guitar, a finales
de los 70. Compone Les yeux Clos, una de las mejores obras para piano del siglo
XX. Es nombrado miembro honorario de la Academia de artes de la RDA en 1979, de
la de Estados Unidos, en 1984, y de la francesa en 1985.
Akira Kurosawa le convence para poner música a Ran. La película es
un éxito mundial en 1985 y la partitura es galardonada en los premios de la
crítica de Los Ángeles. Su última gran banda sonora es compuesta para Shoei
Inamura y su Black Rain de 1989.
Es condecorado por la UNESCO en 1991. Sin intención de jubilarse
continúa escribiendo piezas musicales y bandas sonoras además de recopilar
premios hasta el día de su muerte, un 20 de febrero de 1996. No hay cifras de
cuántas personas acuden a su funeral. No se trata de una estrella, simplemente
es un genio que muere en silencio. Tal y como vivió, en medio de un jardín
japonés. No obstante, la Opera City de Tokio entrega anualmente un premio con
su nombre.
La historia de Toru Takemitsu nos recuerda a aquellos pioneros que
trataban de cambiar la realidad a través del arte. Un concepto muerto por el
mercantilismo que busca llenar locales y cifras de ventas. La democratización
warholiana del arte nos ha apartado, en mayor o menor medida, del virtuosismo
de gente como Takemitsu, que lo único que pretendían era convertir a la música
en un puente entre Oriente y Occidente, en un nexo entre la naturaleza y el
espíritu humano. Ese espíritu que se ha encargado de involucionar su anticuado
concepto de música electrónica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario